A nuestra llegada, los lemmings exploradores Pau y Ada se hacen con el único sofá que parece quedar libe en el salón de proa, que apesta a pies de todos aquellos que vienen de Roma y han tomado el salón para pasar la noche. Allí desayunamos, y más tarde montamos el picnic para la comida.
Ni el mar embravecido, que acaba con las existencias de biodramina, ni la ausencia de higiene del barco logran que perdamos los modales. Consejo: el mejor WC es el de popa, detrás de el salón de las butacas (aunque suponga patearse todo el barco desde donde estamos).Por fin, a las 18h, llegamos a Bcn, cansados pero contentos.
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