dijous, 21 d’abril del 2011

A Kratie por el camino más corto

A las 7 de la mañana hemos cogido un taxi que nos ha llevado desde Siem Reap a Kratie. La idea inicial era desviarnos en Konpong Thom para ver los templos preangkorianos de Sambor Prei Kuk, pero suponia al menos 4 horas más de viaje y parar a hacer noche, así que decidimos prescindir de la paradita. Nos ha llevado el dueño de un hotel de Siem Reap, que hablaba muy buen inglés. Ha sido una experiencia divertida, pero larga: 6 horas en taxi te dan para pensar y reflexionar mucho.


Primero, la gente de este país vive totalmente expuesta y de cara a la carretera. Su vida es muy pública: hacen la mayoría de cosas fuera de casa, junto a la carretera que pase por allí, y todo se ve. Se vende todo lo imaginable. Lo que más llama la atención son las botellas de Johnie Walker rellenas de gasolina (muchas veces adulterada, por lo que dicen). Pero por lo general, todo el mundo que vende algo, tiene su tenderete. Volviendo de Banteay Srei paramos en uno a comprar azúcar de palma (muy rico), hoy hemos parado con el coche a comprar arroz glutinoso a la brasa (viene metido en bambú, y parece que ningún camboyano se va de excursión sin ellas). ¿Alguien lo quiere probar?

Un par de horas después, hemos parado a comprar yaca (Jack fruit), que sabe a mango con naranja, o algo así. A Miriam y Ermengol no les ha convencido y nos lo hemos tenido que acabar Pau y yo. Con lo grande que es, no hemos tenido hambre hasta lo hora de la cena!

El transporte también daría para horas de charlas: las motos en este país están hiperexplotadas. Pueden ir hasta 5 montadas en ellas, o llevar enganchado un tuk-tuk o bien un remolque que lleve a 20 personas (he visto un par que se usan como transporte escolar). También se usa para transportar desde plástico a animales, vivos o muertos. Estos cerdos estaban vivos, les hemos oído chillar.

La otra son las normas de circulación: básicamente están para ignorarlas. El conductor de la moto está obligado a llevar casco; el resto de ocupantes de la misma, no.
En teoría las carreteras son de 1 carril en cada sentido, en muchas sin arcén. Pero aquí ocurre el milagro de los panes y los peces, y esta gente saca una carretera de 4 carriles donde antes solo había 2. Adelanta todo el mundo, pitando siempre, eso sí, para avisar. Da igual que haya doble continua.
Las rotondas son un cachondeo. Por lo menos la cogen por el mismo sentido que nosotros. Pero las prioridades de paso son muy relativas, y muchas veces gana el más fuerte!

Finalmente hemos llegado a Kratie a las 14 horas. No nos ha convencido del todo la habitación en el Balcony Guesthouse, pero la reserva estaba hecha. Después hemos ido a buscar un tuk-tuk, que nos ha llevado a Kampi (una media hora de trayecto por zonas rurales)
El embarcadero de Kampi
Delfines de Irawaddy (de agua dulce). Hemos ido a verlos en barca, pero hoy justo estaban enfrente del embarcadero y la barca se ha movido poco. Hemos tenido suerte, pues cuando nos íbamos, aparecían más barcas con gente, y parece que los delfines se habían ido. Just in time!
Estampas de la vida a pie de carrtera captadas desde el tuk-tuk en el camino de Kratie a Kampi (10$ ida y vuelta, y te espera mientras miras los delfines, 1h). Algunas familias tienen la parcela de su casa limpia, pero la de otros es lo más similar a una pocilga.

Un precioso atardecer sobre el Mekong

Momento aplicación de Relec en nuestra habitación (Balcony Guesthouse, 15$ la noche haitación con AC, ventilador y baño cutre propio). Estuvimos viendo el hotel Santpehap y por el mismo precio hubiera sido probablemente mejor.

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