A las 7 de la mañana hemos cogido un taxi que nos ha llevado desde Siem Reap a Kratie. La idea inicial era desviarnos en Konpong Thom para ver los templos preangkorianos de Sambor Prei Kuk, pero suponia al menos 4 horas más de viaje y parar a hacer noche, así que decidimos prescindir de la paradita. Nos ha llevado el dueño de un hotel de Siem Reap, que hablaba muy buen inglés. Ha sido una experiencia divertida, pero larga: 6 horas en taxi te dan para pensar y reflexionar mucho.
Primero, la gente de este país vive totalmente expuesta y de cara a la carretera. Su vida es muy pública: hacen la mayoría de cosas fuera de casa, junto a la carretera que pase por allí, y todo se ve. Se vende todo lo imaginable. Lo que más llama la atención son las botellas de Johnie Walker rellenas de gasolina (muchas veces adulterada, por lo que dicen). Pero por lo general, todo el mundo que vende algo, tiene su tenderete. Volviendo de Banteay Srei paramos en uno a comprar azúcar de palma (muy rico), hoy hemos parado con el coche a comprar arroz glutinoso a la brasa (viene metido en bambú, y parece que ningún camboyano se va de excursión sin ellas). ¿Alguien lo quiere probar?
Un par de horas después, hemos parado a comprar yaca (Jack fruit), que sabe a mango con naranja, o algo así. A Miriam y Ermengol no les ha convencido y nos lo hemos tenido que acabar Pau y yo. Con lo grande que es, no hemos tenido hambre hasta lo hora de la cena!
El transporte también daría para horas de charlas: las motos en este país están hiperexplotadas. Pueden ir hasta 5 montadas en ellas, o llevar enganchado un tuk-tuk o bien un remolque que lleve a 20 personas (he visto un par que se usan como transporte escolar). También se usa para transportar desde plástico a animales, vivos o muertos. Estos cerdos estaban vivos, les hemos oído chillar.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada