dissabte, 23 d’abril del 2011

Phnom Penh desde un tuk-tuk

Tras cambiarnos de hotel, el conductor del tuk-tuk, Mr. Choo, nos ha llevado a los campos de la muerte de Choeung Ek, a las afueras de la ciudad. Aquí traían los jemeres rojos a sus prisioneros políticos, incluídos sus hijos (para evitar venganzas posteriores), para ejecutarlos y enterrarlos en fosas comunes. Se han encontrado más de 8000 cadáveres, aunque se calcula que pueden estar enterradas unas 20.000 personas.

Se levantó una estupa conmemorativa, para recordar a los fallecidos.
El monumento contiene 17 pisos de restos encontrados: cráneos (ordenados por edad aproximada y sexo), otros huesos, ropas...
Por detrás están las fosas comunes. 86 fueron excavadas, quedan 43 aún no abiertas.
Como han pasado 25 años desde la excavación, con la erosión y las lluvias van aflorando a la superficie ropas de las fosas comunes
y huesos
De ahí hemos ido al Mercado Ruso, necesitábamos despejarnos un poco. Después de haber visto el mercado de Siem Reap, este olía bien y todo!!! Había pescado fresquísimo: vivito, coleando y saltando! También vendían de todo, por secciones: DVD y CD fusilados, sección ferretería, seda y otros textiles...
Más tarde hemos ido al Museo de Tuol Sleng o la prisión de seguridad S-21, donde los jemeres rojos detuvieron, torturaron y mataron a más de 17.000 presos políticos. Era un antiguo instituto, donde reconvirtieron las aulas para otros usos. Una de las salas de tortura.
Dependiendo de en qué zona les tocara estar prisioneros, tenían celdas de ladrillo...
o de madera.
Claustrofóbico
Ponían alambre de espino en la fachada para evitar que los prisioneros se suicidaran tirándose al patio.
Tras acabar con la parte deprimente del día, hemos ido a la pagoda de Wat Phnom. Solo pagan para acceder los extranjeros. En el parque que la rodea, gente pasando el día y un puñado de monos.
Como si nada
He aquí la pagoda
Y una persona a la que veneran, con sus gafas y todo
Tras un bañito relajante en las piscina y unos mojitos/batidos, hemos ido al Museo Nacional, al ladito del hotel. Una lástima que necesiten tener ciertas piezas originales aquí, y no en sus templos de orígen, para no perderlas. Por otra parte, viendo el museo te da la sensación de que el museo lo montaron los franceses cuando esto era una colonia, y desde entonces (años 50) poco mas se ha hecho. Una pena ver las vitrinas llenas de polvo y mosquitos. Y los vigilantes son de risa: unos te ofrecen guinaldas de flores para que les pongas a los diferentes Budas que hay por aquí a cambio de donativos; otras tienen el taller de costura montado dentro del museo.
El Buda del centro del patio del museo
Después, a cenar a un sitio llamado 54. Debe llamarse así porque está en el nº54 de la calle 178 (entre Norodom Boulevard y la 51, no te puedes fiar de la numeración en Camboya porque es aleatoria, no correlativa!!). Nos lo había recomendado una mexicana que vive aquí y con la que hemos hablado por la tarde en la piscina del hotel. Es un restaurante con mucho éxito entre los locales, y la verdad es que estaba muy bien. Hemos ido arrastrados por el cangrejo, que no hemos podido probar porque se había acabado, y la barbacoa. En lugar de cangrejo, hemos probado unas ranas fritas, mojadas en pimienta, bien crujientitas, y unos fideos.

A mitad cena ha empezado a diluviar. Había una gotera justo donde estábamos sentados, y nos han cambiado de mesa a una interior. Cuando nos hemos levantado para irnos, el agua bajaba por la calle como por un barranco: hasta la altura de la rodilla!! Y con todo tipo de objetos flotantes. No pasaban tuk-tuks, hemos preguntado a los del restaurante por un taxi, y nos han dicho que no podrían circular. Así que hemos decidido coger el toro por los cuernos y andar hasta el hotel. No repetiría la experiencia (bastante peor que bañarse en la Malvarrosa), pero nos hemos reído mucho!! Sobretodo porque las calles de esta ciudad son de todo menos regulares, y las aceras suelen estar ocupadas por cualquier cosa.
Justo en la esquina de nuestra calle, le hemos dado pena a otros guiris que sí habían conseguido tuk-tuk y nos querían rescatar. Si ya habíamos llegado!!

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